Mons. Puiggari "Debemos construir entre todos un país más justo y solidario, sin excluidos, donde nos descubramos hermanos"

El arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, presidió este sábado a las 10:30 el tedeum solemne por el 25 de Mayo, en la parroquia Santa Rosa en la localidad de Villaguay.  

En su homilía, el arzobispo elevó una plegaria  "dando gracias a Dios por tantos dones recibidos a lo largo de su historia, pero también pedirle por todas las necesidades de nuestro pueblo argentino, sabemos que son muchas", manifestó. 

Si embargo, el arzobispo subrayó "hoy se habla demasiado de grieta; los argentinos nos acostumbramos a este lenguaje y tal vez saquemos réditos mezquinos de esta situación. Lamentablemente la grieta no se ciñe al ámbito político o social, sino que fractura las amistades más entrañables, las relaciones con los vecinos, las mismas familias y los vínculos más queridos".

Seguidamente, el prelado recordó que "es el momento de derribar muros y crear puentes. Buscar soluciones a los conflictos pensando siempre en el bien común, apostando a la vida, a toda vida, al diálogo, al respeto, a la dignidad y a la libertad de toda
persona"
.

"Para lograr esto es necesario que le entreguemos (a nuestra Patria) lo mejor de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar... Por lo cual es necesario rescatar lo positivo de cada uno, con actitud de respeto y humildad. Necesitamos magnanimidad para buscar el bien común", dijo Puiggari citando palabras del Papa Francisco. 

Más adelante recuperó palabras del Evangelio proclamado y destacó "nos advierte sobre el peligro de construir nuestra existencia sin Dios.…a menudo el hombre prefiere las arenas de las ideologías, del poder, del éxito y no la roca de Cristo, que es la Palabra eterna y definitiva que no hace temer ningún tipo de adversidad", lo dijo haciendo propias las palabras del Papa emérito Benecdio XVI.

En este día de la Patria, monseñor citó las declaraciones del Episcopado Argentino en la reunión Plenaria de marzo de este año: “Como parte de este pueblo que quiere ser protagonista de un nuevo tiempo, los obispos argentinos compartimos con ustedes algunas reflexiones en este año electoral. ‘Votar es hacer y construir nuestra propia historia argentina y provincial. Es poner el hombro para que, como pueblo, no se nos considere solamente en las urnas, sino el gran protagonista y actor en la reconstrucción de la Patria", fueron palabras textuales de Monseñor Enrique Angelelli, obispo mártir de La Rioja dichas el 25 de Febrero de 1973. 

En relación al momento electoral, el prelado dijo "la nobleza de la vocación política pide a los dirigentes la responsabilidad de colaborar para que el pueblo, que es soberano, sea artesano de su historia. Necesitamos políticos que nos ayuden a mirar más allá de la coyuntura y que nos propongan caminos auténticos de amistad social". 

"En una realidad que nos golpea y nos duele por su pobreza creciente, no queremos perder la esperanza de salir adelante, asumiendo el desafío de pasar de la cultura de la voracidad y el descarte, a la cultura del cuidado de toda vida y de nuestra Casa común, de la fraternidad y de la hospitalidad".

"Como obispos presentes a lo largo y ancho de nuestro país, escuchamos el dramático pedido de trabajo. Junto a la educación, constituyen los ejes más importantes de la cuestión social. Estamos convencidos de que debe superarse para siempre la lógica de la dádiva, de la especulación financiera, y del enriquecimiento a costa de los otros", dijo enfáticamente.

Al final de su predicación, Puiggari expresó "pedimos a los candidatos que presenten propuestas concretas a los ciudadanos en sus plataformas electorales; y a la vez, que las campañas sean austeras, con gastos transparentes", finalizó. 

Texto Completo: 

Nos hemos reunido en esta Parroquia histórica de Santa Rosa, en el corazón de nuestra Provincia, para dar gracias a Dios y alabarlo por los dones recibidos y vividos en estos 209 años de vida como pueblo libre, que nació en el Cabildo de Buenos Aires con el grito de los patriotas de mayo.

      Nos reunimos como hijos de Dios: Él nos hermana y nos pide con su amor de Padre que trabajemos por la gran familia de los argentinos.

      Al poco tiempo de nuestra independencia, comenzó la historia de este pueblo que hoy nos recibe. El 20 de noviembre de 1823, el por entonces Gobernador Lucio Norberto Mansilla, autorizó a adquirir una cuadra de terreno para edificar allí una capilla, la casa del cura y el cementerio.

      En 1833, el caudillo Crispín Velásquez decidió adoptar a Santa Rosa de Lima como Santa Patrona, y en torno de su pequeña Capilla comenzó la historia de esta hoy pujante ciudad. Una vez más en nuestra historia, la fe en Dios, en la Virgen y en los Santos, estuvo en el origen de nuestros pueblos.

      Queremos dar gracias a Dios por tantos dones recibidos a lo largo de su historia, pero también pedirle por todas las necesidades de nuestro pueblo argentino. Sabemos que son muchas, pero al estar acá, en el corazón de la Provincia, que es llamada “la ciudad del encuentro”, quiero pedirle al Señor que nos conceda lo que más estemos necesitando y que, seguramente, es el principio de muchas soluciones a nuestros problemas crónicos. Nos lo pedía, hace pocos días, el Papa Francisco: trabajar para lograr el encuentro de y entre todos.

      Hoy se habla demasiado de grieta; los argentinos nos acostumbramos a este lenguaje y tal vez saquemos réditos mezquinos de esta situación.

      Lamentablemente la grieta no se ciñe al ámbito político o social, sino que fractura las amistades más entrañables, las relaciones con los vecinos, las mismas familias y los vínculos más queridos.

      Es el momento de derribar muros y crear puentes. Buscar soluciones a los conflictos pensando siempre en el bien común, apostando a la vida, a toda vida, al diálogo, al respeto, a la dignidad y a la libertad de toda persona.

      Para lograr esto, nos pide el Papa Francisco que "le entreguemos (a nuestra Patria) lo mejor de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar...” Por lo cual es necesario rescatar lo positivo de cada uno, con actitud de respeto y humildad.  Necesitamos magnanimidad para buscar el bien común.

        En el Evangelio que acabamos de escuchar el Señor nos advierte sobre el peligro de construir nuestra existencia sin Dios.  Como dice  Benedicto XVI, “…a menudo el hombre (…) prefiere las arenas de las ideologías, del poder, del éxito…”, y no la roca de Cristo, que es la Palabra eterna y definitiva que no hace temer ningún tipo de adversidad.

      En este día de la Patria quiero recordar las declaraciones del Episcopado Argentino en la reunión Plenaria de marzo de este año:

      “Como parte de este pueblo que quiere ser protagonista de un nuevo tiempo, los obispos argentinos compartimos con ustedes algunas reflexiones en este año electoral.

    ‘Votar es hacer y construir nuestra propia historia argentina y provincial. Es poner el hombro para que, como pueblo, no se nos considere solamente en las urnas, sino el gran protagonista y actor en la reconstrucción de la Patria.’ (Monseñor Enrique Angelelli, obispo mártir de La Rioja, 25 de febrero de 1973).

La nobleza de la vocación política pide a los dirigentes la responsabilidad de colaborar para que el pueblo, que es soberano, sea artesano de su historia. Necesitamos políticos que nos ayuden a mirar más allá de la coyuntura y que nos propongan caminos auténticos de amistad social.

En una realidad que nos golpea y nos duele por su pobreza creciente, no queremos perder la esperanza de salir adelante, asumiendo el desafío de pasar de la cultura de la voracidad y el descarte, a la cultura del cuidado de toda vida y de nuestra Casa común, de la fraternidad y de la hospitalidad.

Como obispos presentes a lo largo y ancho de nuestro país, escuchamos el dramático pedido de trabajo. Junto a la educación, constituyen los ejes más importantes de la cuestión social. Estamos convencidos de que debe superarse para siempre la lógica de la dádiva, de la especulación financiera, y del enriquecimiento a costa de los otros.

Pedimos a los candidatos que presenten propuestas concretas a los ciudadanos en sus plataformas electorales; y a la vez, que las campañas sean austeras, con gastos transparentes.

 … que Jesucristo, Señor de la historia, nos ayude a construir entre todos un país más justo y solidario, sin excluidos, donde nos descubramos verdaderamente hermanos, donde volvamos a creer que es posible una Argentina grande”.

 Y que la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, custodie nuestra esperanza.”

 

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