María, Madre de Dios: acoger la paz que nace de Cristo

En la Octava de la Navidad, la Iglesia celebra la Solemnidad de María Madre de Dios y la 59.ª Jornada Mundial de la Paz, invitándonos a recibir y construir una paz “desarmada y desarmante” que brota del Niño nacido en Belén.

En este jueves dentro de la Octava de la Natividad del Señor, la Iglesia nos convoca a una celebración de profunda densidad espiritual: la Solemnidad de María Madre de Dios, que coincide con la 59.ª Jornada Mundial de la Paz, bajo el lema propuesto por el Papa para 2026: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante”. Es, además, Día de Precepto, signo de la centralidad de este misterio para nuestra fe.

Al comenzar un nuevo año, la liturgia nos conduce al corazón del misterio de la Navidad: Dios se ha hecho verdaderamente hombre, y María es proclamada Madre de Dios no por un privilegio aislado, sino para custodiar la verdad de nuestra fe. El Niño que ella sostiene en sus brazos es el Príncipe de la Paz, el Hijo eterno del Padre que entra en nuestra historia para reconciliarlo todo.

María aparece hoy como mujer que escucha, guarda y medita, capaz de acoger los acontecimientos incluso cuando no los comprende del todo. En ella aprendemos que la paz no se improvisa ni se impone: se recibe como un don y se cultiva con paciencia. Su maternidad es escuela de paz, porque nace de la humildad, de la confianza en Dios y de la entrega silenciosa.

La Jornada Mundial de la Paz nos invita a mirar nuestra realidad concreta. En un mundo herido por conflictos, violencias verbales y gestos cotidianos de exclusión, el lema de este año nos desafía a una paz “desarmada y desarmante”: una paz que no responde al mal con más mal, que no se construye desde la imposición ni la fuerza, sino desde el diálogo, la justicia y la misericordia.

No se trata de una paz ingenua, sino profundamente evangélica. Es la paz que Jesús resucitado ofrecerá a sus discípulos —“La paz esté con ustedes”— y que ya se anticipa en la fragilidad del pesebre. Una paz que comienza en el corazón, se expresa en las relaciones cercanas y se proyecta en la vida social.

Celebrar hoy a María Madre de Dios es, entonces, renovar nuestro compromiso como creyentes: dejar que Cristo nazca una y otra vez en nuestra vida, permitir que su paz transforme nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestros vínculos. Bajo la mirada materna de María, ponemos este nuevo año que comienza, pidiendo que sea tiempo de reconciliación, de esperanza y de paz verdadera para nuestras familias, nuestra comunidad y el mundo entero.

Que María, Reina de la Paz, nos acompañe y nos enseñe a decir cada día: “Hágase en mí según tu palabra”, para que la paz de Cristo habite entre nosotros.