El ayuno y la abstinencia: entrenar el corazón para volver a Dios en Cuaresma
En la catequesis Palabras de Vida de Radio Corazón, el Padre Ariel Follonier, de la Parroquia San Agustín y licenciado en Derecho Canónico, reflexionó sobre el espíritu profundo de la Cuaresma y el sentido cristiano del ayuno y la abstinencia, invitando a vivir estas prácticas no como una carga, sino como un camino de unión con Cristo y de conversión interior.
En vísperas del inicio de la Cuaresma, tiempo fuerte de preparación para la Pascua, el Padre Ariel Follonier dedicó su catequesis radial Palabras de Vida a profundizar en el espíritu de la penitencia cristiana, deteniéndose especialmente en el sentido del ayuno y la abstinencia.
Lejos de presentar estas prácticas como simples normas externas, el sacerdote explicó su profundo valor espiritual: «Mañana ayunamos para unirnos a Cristo, un sentido personal de solidaridad con Él, ya que Él se ha hecho solidario con nosotros. Ayuno con Cristo, como Cristo, porque lo hizo por mí».
El ayuno y las privaciones, señaló, cumplen también una función pedagógica esencial: entrenan la voluntad. Con una imagen muy clara, comparó este ejercicio espiritual con la preparación de un deportista: «Así como un corredor entrena su cuerpo para el esfuerzo, nosotros habituamos nuestra voluntad a la renuncia, privándonos de cosas buenas, para que cuando llegue la tentación estemos entrenados para decir no».
En una cultura marcada por la búsqueda constante del placer y la satisfacción inmediata, esta práctica adquiere un valor aún mayor. «No se puede vivir con una voluntad que sigue todos los gustos y caprichos. No todos los deseos son legítimos. Las privaciones vienen a entrenarnos y habituarnos», afirmó.
En cuanto a la abstinencia de carne, el Padre Follonier recordó que rige el Miércoles de Ceniza y todos los viernes del año, salvo solemnidades, y obliga a los fieles desde los 14 años. Aclaró además que, en la Argentina, puede ser reemplazada por otra privación significativa, una obra de misericordia o un acto especial de piedad: «Privarme del uso del teléfono, de las redes sociales, rezar el Vía Crucis, hacer una obra de caridad: lo importante es que sea una renuncia real que me ayude a crecer».
Respecto al ayuno, explicó que consiste en realizar una sola comida principal durante el día, pudiendo ingerir algo liviano por la mañana y por la noche. Esta práctica obliga el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, desde los 18 hasta los 59 años. «Se trata de sentir algo de hambre, experimentar algo de hambre como el Señor», señaló.
Sin embargo, volvió a subrayar que lo central no es el cumplimiento externo, sino la actitud interior: «No es privarnos por privarnos, no es sufrir por sufrir, es unirnos a Cristo que ayuna por nosotros, es entrenar la voluntad para que cuando me toque renunciar al pecado esté más preparado».
De este modo, la Cuaresma se presenta como una verdadera escuela de libertad interior, donde el creyente aprende a ordenar sus deseos, fortalecer su fe y caminar con mayor coherencia hacia la Pascua.
Fuentes consultadas por el sacerdote:
- Código de Derecho Canónico, cánones 1249-1253 y Legislación Complementaria de la CEA.
- Pablo VI, Paenitemini, Constitución Apostólica sobre la disciplina eclesiástica de la penitencia (17 febrero 1966).
🎧 Al final de la nota se puede escuchar el audio completo de la catequesis del Padre Ariel Follonier en el programa Palabras de Vida.