La Arquidiócesis de Paraná celebró a su Patrona: “Con María hacemos este camino, para que nadie se pierda”

La Fiesta Patronal de la Arquidiócesis de Paraná se celebró este miércoles 7 de octubre en la Catedral Metropolitana. Debido a las alertas por tormentas, la tradicional procesión por las calles de la ciudad fue suspendida y la celebración se concentró en el templo, que estuvo colmado de fieles. En su homilía, el arzobispo Raúl Martín invitó a confiar en María, ensanchar el corazón y asumir el compromiso de construir una Iglesia fraterna, cercana a los más vulnerables y comprometida con la paz.

La comunidad arquidiocesana de Paraná celebró este miércoles la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la Arquidiócesis. Las condiciones meteorológicas adversas y las alertas por tormentas llevaron a suspender la tradicional procesión por las calles de la ciudad y a concentrar la celebración en el interior de la Catedral Metropolitana.

La Santa Misa fue presidida por el arzobispo de Paraná, monseñor Raúl Martín, y concelebrada por el obispo emérito, monseñor Juan Alberto Puiggari, junto a numerosos sacerdotes de la Arquidiócesis. También participaron diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas y una gran cantidad de fieles, que colmaron el templo para celebrar juntos a la Madre de Jesús y Madre de la Iglesia.

“Como lo hacemos cada año en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, hubiéramos querido peregrinar por las calles de la ciudad dando testimonio de fe y de amor de este pueblo de Paraná a la Madre de Jesús y Madre Nuestra”, expresó monseñor Martín al comienzo de su homilía. Y agregó: “Hoy la hacemos aquí adentro y en el corazón”.

Una Iglesia que camina de la mano de María

La celebración estuvo precedida por una nueva edición de la Caravana de María, que comenzó a las 10 y recorrió un extenso trayecto por distintos sectores de la ciudad de Paraná llevando la imagen histórica de Nuestra Señora del Rosario. La caravana finalizó minutos antes del inicio de la Santa Misa.

Aunque la procesión prevista para después de la celebración debió ser suspendida, la imagen histórica pudo ingresar a la Catedral y, concluida la Misa, se realizó una procesión en el interior del templo, permitiendo que la comunidad expresara su amor y devoción a la Patrona.

En su homilía, el arzobispo presentó a María como aquella que acompaña el camino de la Iglesia y de cada persona. “María reza y espera con cada uno de nosotros”, afirmó, destacando que ella enseña a confiar “en la infinita misericordia del Padre Dios que siempre será más grande que cualquier pecado y limitación del hombre”.

El Rosario apareció así como una imagen de la vida compartida: “Nos invita a la esperanza, a unir como hermanos nuestros corazones que como cuentas de un rosario vamos entrelazando la vida en sus manos”.

Para monseñor Martín, esta oración permite poner delante de Dios la realidad concreta de cada persona: “Miedos, sueños, esperanzas, dolores y alegrías que juntamos como un ramillete, ofrenda viva para presentarla a Dios”.

“Que nadie quede afuera”

Uno de los ejes centrales del mensaje fue la invitación a construir una Iglesia capaz de abrazar especialmente a quienes más sufren. El arzobispo llamó a mirar los rostros concretos de los pobres, los enfermos, los más débiles y quienes no experimentan el amor de Dios.

“María es la madre que recibe a sus hijos sin diferencias, enseñándonos a encontrarnos como familia, como hermanos todos”, señaló.

Desde esta perspectiva, afirmó que la presencia de María “se hace siempre esperanza y consuelo” y que de ella la Iglesia aprende a “ensanchar el corazón para que nadie quede afuera, que ninguno se sienta desamparado u olvidado”.

El llamado no quedó solamente en una expresión espiritual, sino que se transformó en una invitación concreta a asumir responsabilidades como comunidad cristiana: “Llamándonos a asumir cada día más plenamente la responsabilidad de hacernos cargo de los hermanos, sosteniéndonos en la esperanza de Dios, Padre de todos”.

“Derribando barreras, acercando corazones”

La imagen del Rosario volvió a estar presente en otro momento significativo de la homilía. María sostiene al Niño y, junto a ellos, todos aparecen unidos en una misma trama de amor.

“En ese rosario que María lleva en sus manos junto al niño estamos todos colgados de su amor, entrelazados, como queriendo sostenernos hombro a hombro, caminando juntos con su maternal ternura”, expresó.

Y sintetizó ese camino en una serie de acciones que constituyen también una misión para la comunidad cristiana: “Derribando barreras, acercando corazones, sosteniendo a los caídos, buscando sanar heridas y achicando las distancias”.

En ese horizonte, monseñor Martín invitó a ser “constructores de la paz”, permaneciendo en el amor de Jesús y dejándose guiar por su Palabra. “Conocerte, Jesús, es lo mejor que nos pasó en la vida”, afirmó, retomando la respuesta de Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Vos tenés palabras de vida eterna”.

Una invitación a caminar juntos

Hacia el final de su homilía, el arzobispo insistió en que la vida cristiana es un camino que se realiza junto a otros. “De andar juntos se trata, caminar juntos queremos. Es con María que hacemos este camino, para que nadie se pierda”, expresó.

Con una imagen de profunda confianza filial, señaló: “Si nos cansamos, es ella quien nos espera. Si nos perdemos, con Jesús es quien nos busca”.

También destacó la sencillez de la oración mariana como camino de encuentro con Dios: “Basta musitar una y otra vez, Dios te salve María”.

El mensaje se proyectó además hacia el compromiso de los cristianos en la realidad cotidiana. Animando a la comunidad con el llamado del papa León, monseñor Martín invitó a “no tener miedo de ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo”, poniendo a Dios en el horizonte y al ser humano “en el centro de nuestras decisiones”.

En ese compromiso, mencionó especialmente a “los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños”, para que puedan convertirse en “piedras angulares” de una sociedad donde “el amor y la verdad finalmente se encontrarán y la justicia y la paz se besarán”.

Una Iglesia que quiere ser familia

La celebración de la Fiesta Patronal concluyó con una mirada puesta en la misión que la comunidad arquidiocesana tiene por delante: “Ser constructores de comunión, siervos del reino que viene, no dueños de una torre destinados a derrumbarse”.

Finalmente, monseñor Martín confió nuevamente a toda la Arquidiócesis a la protección de la Virgen del Rosario:

“María del Rosario, Madre querida, volvemos cada día a vos tomados de tu mano aprendiendo poco a poco a ser familia que no quiere cansarse de sembrar este evangelio que invita a ser uno para que el mundo crea”.

Y cerró con una súplica que resumió el espíritu de esta Fiesta Patronal: “Madre del Rosario, uninos en esta tierra y llevanos con vos al cielo”.